29 mayo, 2021

Caída Libre

A veces me pongo a pensar en la carga de adrenalina que se puede llegar a sentir, el lanzarse con un paracaídas desde un avión.

¡A mi me encantaría! Pero vaya que sería una decisión muy difícil estar ahí, en ese instante, pensando en el control que vas a perder una vez que te decidas a lanzarte, cuando dependas completamente del aire.

Supongo que algo así sucede con la vida, o con aquellas decisiones que nos invaden de inseguridades, miedos y hasta le empezamos a poner “peros” a las cosas; porque nosotros los seres humanos estamos acostumbrados que cuando algo no nos da seguridad, le creamos “peros” a las situaciones, para sentir que tomamos la decisión correcta.

Pero, ¿qué sucede con aquellas decisiones que ameritan ese salto? Un nuevo trabajo, una nueva casa, una nueva relación, dejar ir personas, pedir un aumento, o pedir las vacaciones con el miedo a que te corran (Imaginemos el emoji de la gotita en la frente) viajar, o también irse a vivir a otro país.

Cuando das ese salto, es probable que te sientas tan libre como antes, pero la sensación de libertad, ahora, es distinta. Si te fuiste de casa y lograste que todo funcione a cientos de kilómetros de tu zona de seguridad, después se siente como que podés hacer cualquier cosa. jajaja

Pero es precisamente esto, lo que realmente importa, porque cuando decidís dar ese salto, cuando convertís tu vida en viaje e incertidumbre, creces, y te enfrentas a nuevos retos, descubrís en vos facetas que desconocías, te conoces a vos mismo, porque solo estas vos, y esa experiencia, te dejas sorprender por el mundo, aprendes y amplías tus perspectivas.

De hecho, la sensación de comenzar de cero debería de asustarnos, pero no sé porque resulta adictiva. Y es ahí, donde tus expectativas, son puestas en perspectivas.

Si sos como yo, de esas personas que la piensan diez mil veces para tomar una decisión, por el mismo miedo de no saber que hacer, o el miedo a lo nuevo, podrás conocer lo complicado que es, y pasa; que perdemos el tiempo en intentar comprender cada error que hemos cometido, y es por ello, en que las decisiones se vuelven difíciles de tomar, y aunque los errores “se supone” que funcionan para que evitemos equivocarnos de nuevo, somos naturalmente humanos.

Desde que somos pequeñitos, algunos que otros aprendimos a crecer con mamá; nos enseñó a tratar de tomar las mejores decisiones posibles, y gracias a ella, por ser esas rueditas estabilizadoras de nuestra bicicleta en la vida, hasta que llega el momento de empezar a andar solitos tratando de mantener el equilibrio.

Y en ese proceso de comprender a prueba y error, hay ocasiones en el cual nos auto saboteamos, tratando de arruinar nuestros planes, nuestro futuro, y, además, creo que realmente no podemos aprender, si dejamos de avanzar.

A veces el progreso hacia algo bueno incomoda un poco, pero pues; es lo que hay. Si viniste acá buscando algo que te ayude a tomar mejores decisiones, creo que te he fallado ☹

Honestamente, lo único que puedo aconsejarte, es que saltes, aunque sea temblando, salta y disfruta de la adrenalina de sentirte vivo al poder decidir qué camino tomar, se fiel a vos mismo, vos sos tu fan N#1, y algo infalible que a mí me ha servido, es que sigas a tu intuición, a mi casi nunca me falla, y, además; es bien leal la desgraciada.

 

Frappe de Caramelo

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