18 junio, 2020

Paradoja del tiempo

El afán, me hizo perder el tiempo en las cosas que no hablaban, que no latían, que no reían, que no sentían, y ahora soy yo; quien está por no hablar, por no latir, por no reír, por no sentir.

Predispuse mi negatividad para ser el centro de mi vida, y mi temor como mi talón de Aquiles.

Deje ir el sentido de lo azul, la magia de los atardeceres, y el sentido común de las palabras, fue como nacer, para vivir muriendo.

Los dedos de mis pies ya no tocan la arena del mar, mi libertad, ahora condicionada por la incredulidad y el descuido de los falsos reyes eternos. Mis ojos despertaron en el último momento, creyendo que todo esto era un sueño, pensando que era solo un paso del tiempo, pero es sencillamente mi reflejo, el reflejo de la vida que no supe manejar, el tiempo del reloj en mi muñeca que no supe valorar.

Pero esto es solo un oleaje, uno que trajo el mar para volver a empezar. Se que mi reloj está un poco averiado, pero sabré arreglarlo; con la calma que trae el invierno, la perseverancia del sol en cada atardecer, y la paciencia de la luna.

Y un día, que pueda conversar de frente, con aquello que ordena a las hojas moverse, le diré que valió la pena, porque no hubiese podido llegar a esta isla, donde hay campanas que suenan al fondo del mar, y sabré apreciar lo que habla, lo que late, lo que ríe, y lo que siente.

Sabré descubrir, los secretos del destino, cuando llegue al infinito, del amor propio que no me supe dar.

 

Frappe

You may also like...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

El contenido de Queridos Extraños tiene derechos de autor 😅